Los celulares son carísimos pero lo barato sale caro. A la hora de elegir un nuevo dispositivo hay que pensar que, por más que no duren más de tres años de manera optima, no es recomendable ahorrar en recursos porque no nos va a servir para demasiado.

Estoy segura que muchos de ustedes tienen un conocido que tiene un teléfono sin memoria. O un amigo que creyó que pasando las fotos a la memoria SD podía liberar espacio pero que no, que las aplicaciones no se pueden guardar en la memoria externa y entonces, no pueden tener más de tres o cuatro aplicaciones extras porque no hay espacio de almacenamiento.

Es que comprar un celular es como mudarse. Si lo hacemos a un ambiente de 30 metros cuadrados, no podemos pretender tener un piano de cola en el medio del lugar. Pasa lo mismo.

Los celulares con 8GB de almacenamiento interno tienen, en realidad, 4GB libres para el usuario pues los otros ya están utilizados con el sistema operativo. Ni hablar si el celular tiene 4GB de almacenamiento interno en total: no tienen lugar para nada extra.

A menos que la única aplicación que el usuario quiera sea Whatsapp y pare de contar, no es recomendable para nadie. Por eso, los celulares baratos son aptos para quienes quieren algo muy básico y no hay que engañarlos: no van a poder hacer demasiado con ello porque las aplicaciones como Spotify, Google Drive y muchas más, no permiten que sean instaladas en la memoria externa.

En caso de que el smartphone venga con la versión 6.0 de Android 6.0 (Marshmallow) hay una opción llamada adopción de almacenamiento para aumentar el espacio interno del equipo a la memoria SD. Pero la recomendación es que el dato más importante que tenés que tener en cuenta a la hora de comprar un celular no es la cámara ni el procesador, sino el almacenamiento. Otra opción es el almacenamiento mixto, pero que sea de 16 GB mínimo es lo ideal.