Tengo el agrado de presentarles un nuevo proyecto: el podcast de LadoB. Gracias a Wetoker, una nueva plataforma que tiene mucho talento y trabajo detrás, me embarqué, sin horario ni frecuencia fija, a poder retomar mi primer amor, la radio. Más que la radio, la tarea de tomar el grabador, guionar una historia y contarla, cómo y cuándo se pueda.

Hace un tiempo en MediaChicas conocí a Natalia Carcavallo. Estaba yendo hacia el “MediaKucha” en un bar y me equivoqué de dirección. En el grupo de Whatsapp en común, Natalia también pedía ayuda. Estaba en una esquina de Palermo, a una cuadra de donde yo también estaba. Pasamos coordenadas, le dije: fijate un auto violeta. Y se subió. Fue muy gracioso, pues una “desconocida” se subió al auto, algo que duró segundos, pues teníamos mucha gente en común, cosas, intereses y una buena onda de ella, increíble. Y digo increíble porque en este tiempo y gracias a MediaChicas, conocí a mucha gente talentosa, generosa, amorosa, inteligente, con ganas de hacer cosas y ganas de compartirla.

En un año que fue muy difícil para todos, y para mi también, rodearme de este grupo fue un salvavidas. Y hablo de lo feo que es quedarse sin trabajo, sin un trabajo que yo amaba como era el de CN23, sin mi programa y sin saber adonde ir. Hablo de no conseguir nada más que colaboraciones, que son geniales, pero no son sustentables. Hablo de saber que hay un mundo de posibilidades y no tenerlas. De sentirse desechable, estigmatizado por “de donde venís”, agredido en las redes y con un consejo que me han repetido hasta el cansancio: no hablés más del canal, no digas más que no tenés trabajo, no hagas más esto, ni lo otro.

Por eso arrancó este blog. Por eso arranqué los videos de LadoB en FAV (con la generosidad de Max Goldenberg y su equipo) y empecé a colaborar en medios que me dieron espacio para hacer notas de verdad, como La Nación, Página12 y otros. Pero la sensación de que todo lo que había construido se había derrumbado, no era una sensación. Si no estás en el medio, no existís más.

Pero un día le hice caso a todos. Se que todo pasa y los medios están cambiando tanto, que desistí de querer formar parte de la vieja guardia pues no sólo buscaba un trabajo, sino uno que me gustara.

En esta etapa, la de aceptación, emprendí de nuevo, con las inseguridades del caso. Volviendo a Natalia, me insistió para que formara parte de su proyecto, Wetoker, una plataforma de podcast. Y allí fue cuando me di cuenta que me estaba costando hacer algo que hice siempre en mi vida, desde antes de ser periodista: grabar audios, hacer programas. Desde niña, en la escuela, en la secundaria, en la facultad, en el taller de radio y en todos lados. ¿Qué pasaba ahora que no podía? Creo que para poder hacerlo, hay que desarmar estructuras de nuevo y tener la frescura de antaño. Obvio que no lo pude hacer, como a mi me gustaría, pero me hizo recordar las épocas de Taller de Radio, en la Facultad de Sociales. Nos hacían hacer radioteatros. Nos divertíamos horrores y hacíamos audios más que interesantes. Casi no existía la tecnología para eso.

En síntesis, aquí, el primer Wetoker, sobre algo que me inspiró, en una plataforma que me encanta y que está hecha con visión y amor.

Irina Sternik.Lado B