En la era de la inmediatez la lectura se asemeja mucho a un pispeo por encima de las noticias similar al tiempo que le dedicamos a los cortos tuits. Los números indican que nadie lee, que la gran mayoría de los lectores no llegan más allá de la mitad de un artículo en línea y que el 10 por ciento de los usuarios no pasa del primer scroll. Pero no todo esta perdido, en contrapartida con lo breve hay un resurgimiento del periodismo llamado de largo aliento o “long-form”. Revistas como Anfibia, Gatopardo, The New York Times, Business Insider y tantos otros  dan cuenta de ello: artículos extensos, bien escritos y documentados e interesantes.

Sí, en cambio, leímos un gran artículo de Slate da cuenta de que los internautas no leen. Se sabe, se sospecha, se cuantifica, se comprueba. En este artículo, aprovechan para mostrar los datos crudos de que los lectores se van o bien, comparten antes de leer, aún notas cuyo contenido crítico está por debajo de cuándo abandonan la página.

A través de la herramienta Chartbeat es posible rastrear el comportamiento del lector en tiempo real. Lo que describen es un ejemplo que ilustra el comportamiento típico de los lectores en general, no sólo de Slate.

Según analizan, un artículo web típico tiene unos 2000 píxeles de largo. Pero cuando se lee en profundidad el gráfico para ver quien alcanzó en profundidad una historia, se puede ver que el 5 por ciento de los lectores nunca se desplazó más allá de la superficialidad. La mayoría de los lectores se desplazan hasta aproximadamente el 50 por ciento, o el milésimo píxel, en las historias de Pizarra. Se analiza un artículo puntual para poder graficar esta interacción, por ejemplo, el de Mario Vittone publicado en dicha web sobre las señales de advertencia de que alguien podría estar ahogado, los lectores no habrían sobrevivido pues sólo habrían llegado a la parte que se mencionan las señales 1 y 2: “Te habías perdido el hecho de que las personas que se están ahogando no piden ayuda, que no pueden controlar voluntariamente los movimientos de sus brazos”, indican analizando dichos datos.

El dato más hermoso para mi punto de vista es el siguiente: ¿cómo la profundidad de desplazamiento en una nota se relaciona con el intercambio? La conclusión es que existe una relación muy débil entre la profundidad de desplazamiento y el intercambio. “Tanto en Slate como en la Web, los artículos que reciben muchos tweets no necesariamente se leen muy profundamente. Los artículos que se leen profundamente no generan necesariamente muchos tweets”, indican.

This graph shows the relationship between scroll depth and Tweets across a large number of sites tracked by Chartbeat. You see the same story here as on the Slate pages — many articles are getting Tweeted a lot even though they’re not being read all the way through, while many articles that are getting read all the way aren’t getting Tweeted.

Pero no todo está perdido. En los últimos años hay un resurgimiento del contenido de calidad. Y según concluyen en The Slate: “Por lo general, vemos que el contenido de mayor calidad hace que las personas se desplacen más, y ese es uno de los números de participación por debajo del doblez más altos que he visto en mi vida”.

La actualidad hace que uno navegue, literalmente, por los titulares. Pero el contenido de calidad es la excepción a la regla. El próximo paso: que no importen las métricas. Por ahora no ocurre pero no es algo que no esté siendo evaluado en proyectos pioneros de periodismo digital. El tiempo dirá.